LIDERAZGO: Un desafío trascendente

En este momento estás viendo LIDERAZGO: Un desafío trascendente

La experiencia de las grandes naciones como Alemania, Francia, Japón, Inglaterra, Italia, Canadá y Estados Unidos determina lo que es obvio: la educación ha sido el factor clave para su progreso y desarrollo. El camino que han tenido que recorrer ha sido largo, pero el bienestar que han proporcionado a sus pueblos y los medios que les han ofrecido para su realización ha sido su recompensa.


 

Mientras que los países desarrollados duplican su población cada 120 años, nosotros lo hacemos cada 50 años aproximadamente: para el año 2020 seremos casi cincuenta millones de argentinosnos, ¿cómo haremos para contar con suficientes fuentes de trabajo, viviendas, servicios médicos, alimentación, etc.? No podemos seguir subsidiando la indigencia y la marginación, porque empobrecemos aún más al país. La única alternativa que tenemos para combatir la miseria es generar riqueza y buscar los medios que permitan a las nuevas generaciones encontrar un camino para su plena realización: el gran reto de nuestro tiempo.

Las empresas argentinas, el sector social y el gobierno se deberán asociar en una acción conjunta durante los próximos 10 años, en un ambicioso programa educativo que nos permita afrontar los retos que plantea la nueva competencia y que nos prepare en este siglo XXI. Dicha educación deberá tanto abarcar formación tecnológica acorde a los avances industriales, como dotar al trabajador de un sólido contenido de valores fundamentales: conservación ecológica, unión familiar, sentimiento de pertenencia, paternidad responsable, etc., los cuales garanticen no tecnificar en forma deshumanizante a los trabajadores.

De esta manera no solo lograremos alta productividad, sino sobre todo calidad humana.

La educación es cara, pero la ignorancia lo es más. Quienes estamos al frente de las empresas debemos aprender que una de las formas más nobles de trascender a nuestro tiempo es a través de la arquitectura humana, heredando al país seres superiores, los cuales se desarrollan mediante la educación. Los que hemos recibido educación, medios de realización laboral, posibilidades de tener una empresa y de hacer un patrimonio personal, podemos decir que Argentina ha sido buena con nosotros; ha llegado la hora de preguntarnos qué tan buenos seremos ahora con la Argentina. Este es nuestro turno, nuestro reto es aquí y ahora, hagamos de cada empresa un centro educacional y enfrentemos con fe y decisión nuestro compromiso histórico con la nación.

La nueva competencia sólo tiene una opción: mejorar la productividad y la calidad de los productos y servicios, ya que de otro modo no podremos aprovechar cabalmente el mercado más grande del mundo, ni los recursos financieros que recibamos en el futuro.

Debilidades de las empresas argentinas ante la nueva competencia internacional:

1. Bajo nivel educacional. Se tiene que continuar y potenciar la educación y profesionalización de los trabajadores. Recordemos que nada grande puede hacerse con hombres pequeños.

2. Cuarenta años de proteccionismo. No estamos acostumbrados a competir; no debemos temer a la competencia sino a nuestra propia incompetencia.

3. Nivel tecnológico deficiente. Es imperioso el desarrollo en tecnología para que nuestros productos y servicios compitan en el mercado internacional.

4. Política económica misteriosa. Se dice mucho pero se entiende poco; la verdad es que aún no tenemos claro adonde vamos. Recordemos el precepto bíblico: “Y sí el ciego guiase al ciego, ambos caerán en el hoyo”.

Fortalezas de Argentina ante la apertura:

1. La crisis es una ocasión para morir, pero también es una oportunidad para renacer. Séneca decía: “Gozan los ánimos fuertes en las adversidades, al igual que los soldados intrépidos triunfan en las batallas”.

2. El despertar de la conciencia empresarial. Existe una nueva generación de empresarios argentinos que no están preocupados solamente por las utilidades a corto plazo, sino que están sembrando para el futuro.

3. Sector servicios. Aprovecha más el que sirve mejor: la clave está en aprovechar positivamente el hábito de servicio que tenemos nosotros los argentinos. Esto representa un handicap porque muchos de los productos que importamos no tienen respaldo de servicio, pues son importaciones de una sola vez.