El líder protegerá y dará flexibilidad a los miembros de su equipo para conseguir resultados. Sin resultados no hay liderazgo. Liderar es coordinar acciones, recursos y personas para conseguir resultados.

Las tres «C»

La tres «C» nos permiten recordar los elementos básicos para generar compromiso.

La “C” de coherencia, la “C” de comunicación y la “C” de confianza.

Generamos compromiso desde la coherencia de nuestras acciones. Cuando decimos lo que pensamos y cuando hacemos lo que decimos que vamos a hacer. No alimentamos la esquizofrenia organizacional. Veo tantas y tantas empresas donde lo que se hace nada tiene que ver con lo que se dice y con lo que se piensa.

La comunicación, cuando está dotada del contenido y la forma adecuada, cuando es transparente y llega al público objetivo en el momento preciso se revela como una herramienta extraordinaria para el cultivo del compromiso.

El líder que compromete a sus seguidores, es además un líder confiable, genera confianza. La gente se compromete sólo con aquellas personas en las que confía. Confianza que a su vez está asentada en 3 patitas: la sinceridad, la competencia y la credibilidad.

Pero habiendo hecho esta reflexión sobre los elementos que generan compromiso, queda el fundamental que es el sentimiento de libertad de quien se compromete. Sin libertad no hay compromiso.

El profesional que dice estar comprometido con un proyecto porque piensa que es la manera de seguir cobrando su salario a fin de mes, no está comprometido al 100%, o podemos decir que acepta y respeta un acuerdo con su compañía pero no hay “entrega”. La “entrega” sólo se produce desde la libertad. La “entrega” no se puede exigir, la “entrega” sólo se puede regalar.

Las tres «B»

Las 3 «B» nos ayudan a recordar la manera en las que un líder genera el espacio adecuado para que sus seguidores se motiven.

Y digo bien,”para que ellos se motiven”. No podemos motivar a alguien que no quiere ser motivado: sólo podemos alimentar un proceso relacional para que los seguidores encuentren las bases de su entusiasmo.

Utilizando anglicismos, tenemos: la “B” de Be (ser), la “B” de Belong (pertenecer), la “B” de Become (convertirse, transformarse), conforman los anclajes claves para la motivación intrínseca.

Es rigurosamente cierto que el dinero, el glamour de una empresa, el cargo, el espacio donde trabajo, la calidad del ambiente y los beneficios sociales que percibo en mi empresa son elementos que motivan. Sin embargo todos ellos, identificados como elementos extrínsecos, motivan a corto o a medio plazo.

Habitualmente las compañías recurren a estos elementos para hacer que la gente de valor permanezca a la empresa, y eso cuesta mucho dinero, es la forma en la que “retienen al talento”.

Sin embargo, respetando a la gente de mi entorno profesional, teniéndoles en cuenta, haciéndoles ver que son valiosos, que son importantes para nosotros, escuchándoles, contando con su opinión, alimento la primera B (Be) para que se motiven.

Además, haciéndolos partícipes de un equipo, de un proyecto, con comunicación transparente, adecuado y a tiempo.
Siendo coherente con los mensajes y liderando con el ejemplo, alimentaré la segunda B (Belong), la de la pertenencia, la del equipo donde todos sudamos la misma camiseta y tenemos un objetivo común.

A todo esto añadimos que generamos el espacio y proporcionamos las herramientas para que la gente tenga la oportunidad de “crecer” dentro de la compañía, desarrollarse, madurar, transformarse.

Si llegan a percibir que son cada vez mejores y que, además de contribuir, aprenden, alimentaremos la tercera B (Become).

Utilizando las tres B crearemos una atmósfera que favorecerá la motivación intrínseca, la más duradera, la que compromete y entusiasma a medio y a largo plazo. La que no cuesta tanto dinero a las compañías y, sin embargo, permite “seducir a la gente” para que se entreguen a un proyecto profesional.

 

Les deseo mucho éxito en la desafiante tarea de liderar personas.

Lic. María Cachagua